Cierto día (un viernes), después de uno de esos sueños inspiradores, desperté con la firme intención de viajar a Cuernavaca y buscar a mi chica, costara lo que costara. Así que saqué dinero de mi escondite secreto (que todos en mi casa saben dónde es), dejé algunas cosas innecesarias para el viaje que traía en la mochila y metí un libro para poder leer en el camino. Hay que recordar que en ese entonces no gozaba de los beneficios de tener un carro a mi disposición.
El plan era el siguiente, tenía 3 clases ese día: 7am Cálculo I (con Filemón), 9am Física I (con Soto) y 11am Laboratorio de Física I (con Nacho). Entraría a las dos primeras clases y me volaría Laboratorio, si salía a las 11 desde Santa fé podría llegar a Cuernavaca antes de las 3pm (escenario estándar).
Llegamos a Cuernavaca después de la hora de camino (son 85km de centro a centro). Hacía calor, se sentía diferente en aire, no tan contaminado. Pregunté por el transporte público en dicha ciudad, cuál me dejaba cerca de la universidad donde mi novia estudiaba. Necesitaba tomar el camión de la ruta 3 (o 6 o 9, no recuerdo exactamente) el cual subía hasta el edificio de Nanociencia o Nanotecnología (de verdad no recuerdo bien esos detalles, creo que me faltan almendras). Y literalmente subía, la universidad estaba en las lomas y todavía tuve que caminar un tramo ya que se me pasó la bajada.
Después de casi 3 horas de viaje, mucho dinero en transporte, un hambre del demonio, mucho sudor y cansancio, finalmente había llegado a mi destino. Esperé afuera del salón donde ella se encontraba a que diera la hora de la salida, aproveché para refrescarme un poco y evitar oler a macho. Y bien valió la pena tanto desmadre, en parte por la cara que puso cuando me vió parado en el pasillo esperándola, pero también por el hecho de probarme a mí mismo cuáles son mis límites, saber hasta dónde soy capaz de hacer algo.
Una vez concluído el rito de la bienvenida (que no describiré aquí por ser un blog con clasificación AA), estuvimos toda la tarde juntos, comimos, conocí la casa donde se estaba quedando, caminamos un rato, etc etc. Cuando ya era más tarde era momento de regresar a Toluca. Originalmente ella no se iba a regresar pero ya aprovechando que tendría compañía en el viaje, decidió lo contrario.
Llegamos a Toluca cuando ya había oscurecido. La acompañé a su casa y después jalé hacia la mía, ya era bastante tarde. En mi casa dije que había salido con los cuates de Civil por unas chelas, que me disculparan la hora de llegar. Por supuesto quién imaginaría a un estudiante que recorra más de 200km de carreteras cruzando tres entidades federativas en transporte público y regrese a casa como si nada hubiera pasado.
Tiempo después volvería a repetir la misma travesía, sin embargo en esa ocasión el final no sería feliz como la primera vez. Cuando lo veo en retrospectiva me estremezco de lo bien que me fue y que llegara completo a mi casa habiendo tantas cosas que pudieron salir mal.
A veces me sorprendo de qué tan lejos soy capaz de llegar.

2 comentarios:
Qué linda historia!!!! Y afortunada la que te lleve como premio mayor ;)
q conmovedor...
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